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מארי

¿HEMOS DE CONDENAR A LOS QUE NO VIERON LA LUZ?

La llegada de Easa llamó la atención de todas las autoridades de Jerusalén, desde los sacerdotes del templo a la guardia de Pilatos. Los romanos estaban preocupados por la Pascua judía. Temían levantamientos o disturbios incitados por alguna oleada de sentimiento o nacionalismo judío. Y como nos acompañaban zelotes, Pilatos no tuvo otro remedio que tomar nota.

Entre nosotros había algunos que tenían hermanos en la casta sacerdotal. Nos informaron de que el sumo sacerdote Caifás, yerno de Anás, quien tanto nos despreciaba, se había reunido en consejo para hablar sobre esa idea del Nazareno convertido en Mesías.

Ya he hablado suficiente de este Anás en el pasado, y ahora hablaré más de sus actos, pero con una advertencia: no condenéis a muchos por los actos de un solo hombre.

Porque la casta sacerdotal es como todas las demás: algunos son buenos y justos en sus corazones, y otros no. Hay aquellos que obedecieron las órdenes de Anás en los días oscuros, sacerdotes y hombres. Algunos lo hicieron porque eran obedientes al templo, porque eran hombres buenos y justos, como lo era mi hermano cuando tomó aquella terrible decisión.

Nuestro pueblo estaba engañado por líderes corruptos, cegado a la verdad por aquellos que tenían el deber de darles algo más. Algunos se nos oponían porque temían más derramamiento de sangre judía, y sólo deseaban paz para el pueblo durante la Pascua. No puedo culparles por esa elección.

¿Hemos de condenar a los que no vieron la luz? No. Easa nos enseñó que no debemos rechazarlos, sino perdonarlos. Fuente : La esperada                                                                                      

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